¡A la montaña!
Pocas cosas me ilusionan más que abrocharme los cordones, cargarme la mochila en los hombros y salir por patas a respirar aire fresco, aún impregnado del rocío que queda en los prados cuando el sol despunta sobre un puñado de tresmiles.
El Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici es una joya de alta montaña, plagada de crestas rocosas colgadas del cielo, excavada por profundos valles glaciares y cubierta por bosques de pinos, abetos, hayas y abedules. Pero sobre todo es un tesoro para el agua, auténtica protagonista: casi doscientos lagos de origen glaciar, cascadas, ríos y riachuelos que se retuercen en meandros (de ahí aigüestortes) sobre los prados de altura, consecuencia de la colmatación sedimentaria de antiguos lagos. Arriba, escondida entre las cumbres, el agua se acumula en multitud de pequeños circos glaciares cuaternarios extintos, mientras que en el fondo de los valles están las grandes superficies lacustres; entre ellos el lago más simbólico del Parque, el de San Mauricio.
Un ejemplo perfecto de ambiente pirenaico, representativo de su paisaje de alta montaña e ideal para todo tipo de visitantes: desde el más experto grupo de montañeros que hacen noche en un refugio, a las familias con niños pequeños que se inician en la afición de tirar piedras a ríos y lagos; yo lo hacía con 3 años... y 30 después sigo en ello cada vez que puedo.
Lo importante es sentir la montaña y disfrutar de su aire salvajemente puro.
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18 de noviembre de 2013
10 de noviembre de 2013
Sangre caliente
Sobre las relaciones tormentosas de los aspirantes a macho dominante...
O a conquistadores del cojín más cómodo.
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