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27 de mayo de 2013

Islandia (XXVII). Siempre hay más, y más...

Como si al zambullirte en la playa de toda la vida encontraras un arrecife de coral; o como si metieras la mano en un río de Alaska y la sacaras llena de pepitas de oro; no pasa un rato en Islandia sin que te sorprendas con su geografía temeraria, o te sientas vórtice en una panorámica que gira y gira sin cesar.
A lo mejor por eso un par de trolls se quedaron tiesos frente al mar en Lóndrangar, mirando el histriónico rojo a su alrededor mientras trataban de comprender el extraño mundo de cráteres y rocas que los rodeaban.
O tal vez sea el motivo de que no se oiga ni un mosquito en Grundarfjörður. Todos sus habitantes están en guardia por si se moviera Kirkjufell, un espolón rocoso como una pirámide egipcia; o angustiados, no vaya a ser que las cumbres de Hellgrindur dejen de suministrar agua al torrente de Kirkjufellsá.
Como para perderse Snæfellsness...

24 de mayo de 2013

Islandia (XXVI). Al Snæfells con Julio Verne

"¡Axel, sígueme!"
Nervioso, ansioso, el profesor de Mineralogía Otto Lidenbrock llamaba a su sobrino. Entre las manos tenía un pergamino escrito con caracteres rúnicos en el que el alquimista Arne Saknussemm revelaba cómo llegar al centro de la Tierra desde una de las chimeneas que se abren en el cráter del Snæfells. Los preparativos del viaje comenzaron de inmediato y, tras un tortuoso viaje desde Hamburgo hasta Reykjavík en carruaje, tren y barco, se dirigieron a Stapi, para desde allí ascender- junto a su guía y cazador de eiders, Hans- a la cumbre del Snæfellsjökull, un estratovolcán en el que se desparrama un tremendo glaciar.
Visitar los lugares sobre los que has leído, ficción o no, te permite vivir la experiencia desde una doble perspectiva: como turista cuerdo, en tu rutina de viaje de acá para allá, expandiendo los sentidos- especialmente la vista- en la realidad, y como momento emocional, individual e introspectivo; tú ya has estado allí, desde el asiento del tren o en la cama, pero ahora sientes el aire fresco y tocas la hierba entre las rocas, ves, vives lo que antes sólo, solo, habías imaginado.
Durante la mañana, según recorríamos la península de Snæfellsnes, el cielo se mantuvo encapotado sobre las montañas que caían a plomo en el mar. No paraba de repetirme que en algún momento tendría que librarse de esas nubes para dejarme tener mi pequeña charla interior con Julio Verne... Y así fue, sentados sobre los acantilados negros de Arnarstapi la luz por fin brilló impoluta sobre la cumbre del Snæfells y el glaciar se convirtió en un manto de seda blanca. ¿Acaso no lo merecíamos?
El Snæfellsjökull es una de las principales localizaciones en la saga de Laxdœla, escrita a mediados del siglo XIII; Julio Verne publicó su novela "Viaje al centro de la Tierra" en 1864; cien años después el Premio Nobel islandés Halldór Laxness le daba al volcán un papel destacado en su obra "Bajo el glaciar"; el 28 de Junio de 2001 se declaraba el Parque Nacional Snæfellsjökull (Þjóðgarðurinn Snæfellsjökull, en islandés); el volcán, cuya última erupción se calcula que tuvo lugar hace dieciocho siglos, ocupa un importante lugar en la sensibilidad e identidad de los islandeses, siendo augurio de buena suerte poder verlo los días despejados desde Reykjavík, a unos 120km. Hoy, el glaciar que abre paso al centro del planeta, se derrite.

22 de mayo de 2013

Islandia (XXV). Niño con más de 30 años busca...

Si el recorrido circular que en Islandia hace la carretera nº 1, conocida como ringroad, no llega a 1.400 km, ¿cómo es posible que nosotros hiciéramos 3.300? ¿Acaso el olor de una pastelería no llama a darse un atracón de chocolate? ¿o el de una freiduría un homenaje de croquetas? La ruta de este anillo asfáltico muestra por si sola una isla espectacular, llena de paisajes y lugares increíbles, marcianos a veces, pero los desvíos son tan suculentos como el postre después de una comida. O mejor, golosinas para ir picando entre horas.
Dejábamos atrás las tierras de Norðurland y sus pistas recónditas, perdidas entre horas sin cruzarnos con nadie, y poníamos rumbo a Reykjavík. Pero aún quedaba un gran desvío, uno que nos metería de lleno en Snæfellsnes, una península con significado propio en el costado occidental de la isla.
Sus tierras separan Breiðafjörður de la bahía de Faxaflói, contienen acantilados y pequeños puertos pesqueros, salvajes campos de lava y cráteres propios de una guerra nuclear, pero sobre todo dan pie a un volcán "allí donde la sombra del Scartaris llega a acariciar antes de las calendas de Julio".
Este desvío era necesario, casi indispensable, porque la imaginación no está reñida con la edad, porque no podemos permitirnos olvidar los sueños infantiles y porque, a veces, incluso se nos presenta la oportunidad de vivirlos. Es un secreto a voces pero, una vez puestos en antecedentes, lo dejo para la próxima entrega...