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5 de febrero de 2014

Ámsterdam para paseantes

750.000 habitantes y 700.000 bicicletas respetadas casi reverencialmente en el tráfico urbano; me pregunto cómo lo habrán conseguido...
Ámsterdam, de pueblo de pescadores a cabecera de una de las principales conurbaciones europeas, con sus fachadas torcidas y todo.

19 de enero de 2014

Ola k ase

Rembrandt en su Rembrandtplein de Ámsterdam, con una reproducción de "La ronda de noche" a los pies... y sus paisanos tomando el sol en un claro ejemplo de estrés primaveral.

Y este Moisés, del que aún no podemos asegurar si desde su pequeño púlpito en Ljubljana intentaba bailar sevillanas o lanzar una onda vital.
Es cierto, el maldito "ola k ase" nos ha provocado más de una risa tonta...

14 de diciembre de 2013

Holandesas de carne y hueso

Si hay una ciudad en Europa en la que la bicicleta sea un símbolo, ésa es Amsterdam. Están por todas partes y son de todos los colores y tamaños; aparcadas como hongos o circulando en siete direcciones diferentes; con cestas para cargar bultos, decoración customizada y propietarios encorbatados o rastafaris.
Ahora está de moda en España todo lo relacionado con las bicicletas, y ahí están los hipsters para demostrar que se puede derrochar el dinero de papá sin haber puesto el culo en un sillín en la vida, especialmente cuando buscan una de piñón fijo. Ahora son las bicis, mañana serán las bananas voladoras... 
En Holanda la bicicleta no es una tendencia caprichosa; ha sido, es y será un medio de transporte básico y cotidiano, una forma de vida que maman desde que son pequeños jabatos rubios.

21 de noviembre de 2013

Rijksmuseum y Van Gogh. De museos por Amsterdam

En los museos pasan cosas extrañas.
De repente todos nos volvemos cultos e intelectuales, nos llevamos la mano a la barbilla y miramos detenidamente, aunque no entendamos mucho. Luego salimos sintiéndonos realizados por haber cubierto nuestro cupo de actividad cultural, sin darnos cuenta que, generalmente, visitamos los museos cuando estamos de viaje y pasamos de largo con los de casa. En España, como siempre, la realidad supera a la ficción: el tercero más visitado (el primero en Cataluña) es el de un equipo de fútbol; ver para creer.
En Amsterdam hay dos museos imprescindibles para justificar tu visita a la ciudad. El primero es el Museo Nacional de la ciudad, Rijksmuseum, recién recuperado para la ciudad por los arquitectos sevillanos Cruz y Ortiz, cuya intervención ha transformado un edificio brillante en único: en continente y contenido. Después de una década de obras por fin reabrió sus puertas en Abril de 2013, con la gran expectación que justifican sus obras (Rembrandt y Vermeer, por ejemplo) y el habitual mimo que ponen los habitantes de esta parte del mundo en el urbanismo, la arquitectura y todo lo que sea la intervención en el territorio. El resultado es realmente envidiable; por dentro y por fuera.
Al otro lado del Museumplein- una alfombra verde para los perros, las bicicletas y los no estresados- está el Museo Van Gogh, una pinacoteca con más de 200 pinturas y 400 dibujos del genial autor que nadie se quiere perder; y las colas dan fe de ello. En su interior la masa circula sin pausa, en fila y junto a la pared, a un metro de esas pinceladas de texturas únicas, entre el estrés de hacerse una foto con el lienzo a su espalda y no formar un atasco. Pero algo llamó mi atención...
Allí estaba él, enfrascado en la misma procesión que el resto, con su tableta y audio-guía contándole historias y secretos, consultando detalles en su pantalla táctil, aumentando una fotografía de la obra junto a la que estaba pasando, dirigiéndose a la siguiente... ¡sin mirar siquiera el original! Todo muy multimedia e interactivo, pero tan inútil como hablarle a un pavo. Tan improductivo como explicarle a él mismo dónde estaba y el valor intangible de lo que tenía delante.

31 de agosto de 2013

Koninginnedag, o el desmadre holandés

Me imagino a la ahora Princesa Beatriz de los Países Bajos, antes Reina, contando semanas sobre el calendario de 1966-67 con su consorte Nicolás de Amsberg, planificando el nacimiento de su primogénito a finales de Abril. Esto es, poniéndole fecha a un polvo de sangre azul... y no me gusta.
Beatriz heredó el reinado de Juliana, su madre, el 30 de Abril de 1980, fecha de cumpleaños de ésta y en la que se celebra el Día de la Reina (Koninginnedag) desde 1948, cuando Juliana accedió al chollo, perdón, al trono. Desde entonces y hasta este 2013, año en que ha abdicado Beatriz en favor de su hijo Guillermo Alejandro, la fiesta nacional neerlandesa no ha cambiado de fecha.
Y no lo hará mucho. A Beatriz y Nicolás el tiro les salió al larguero, pero hay que reconocer que hilaron fino para ser cosas de hace casi medio siglo; su primer hijo nació el 27 de Abril, fecha que será a partir de ahora la utilizada para el despiporre nacional, el Día del Rey. No hay calle en esta celebración que no esté regada de cerveza, ni fachada sin engalanar con banderas nacionales, ni persona sin prenda naranja (color de la Casa de Orange-Nassau). Oranjegekte lo llaman: locura naranja. 
Amsterdam se convierte en un polvorín de fiestas en calles y plazas, música a todo trapo saliendo de bares, barras improvisadas, ventanas y cualquier rincón, sillas y sofás en la calle incluídos. Dicen que medio millón de personas arriban a la capital para este día, pero lo que más llama la atención es ver los canales de la ciudad atestados de barcas perfectamente preparadas para la ocasión, saturadas de gente con ganas de fiesta; mientras tanto desde las barandillas se asoman miles de curiosos, entre atónitos y envidiosos. Son habituales los embotellamientos al pasar por debajo de los puentes, pero con la alegría del alcohol y la música los malos humos se diluyen... la misma regla de tres para que la porquería quede libremente esparcida por agua y suelo. No hay leyes este día, pero tampoco conflictos; es un desorden ordenado: correcto, educado, civilizado, muy de Europa Occidental.
No llegará el día en que comprenda esta ansiedad por las banderas, la devoción por los himnos, ni la embriaguez de nacionalismo, nunca mejor dicho. Igual que tampoco llegará el día en que entienda cómo en el siglo XXI hay sociedades desarrolladas que prefieren una monarquía hereditaria, clasista y privilegiada a una república con Jefe de Estado electo democráticamente. Al menos ellos no tienen que soportar la penosa imagen que arrastra nuestra familia real.