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17 de mayo de 2014

Las nubes, y otros encantos bilbaínos

El Cantábrico tiene la costumbre de lanzar nubes y más nubes sobre las fachadas de la remodelada ría del Nervión. Y es algo tan bilbaíno que estar allí y no vivir el sirimiri es como no haber ido de pintxos por el Casco Viejo.

30 de abril de 2014

27 de abril de 2014

Guggenheim, in and out

Por fuera es un edificio más que destacado, en un lugar sobresaliente del nuevo plano urbano de Bilbao. Por dentro depende de lo que te fumes... yo aproveché para entretenerme con la estructura.

20 de agosto de 2012

Bilbao... tengo tres horas

Cuando el reloj azota entre la llegada y la partida no hay mucho que hacer, y tres horas son demasiado poco tiempo para conocer cualquier lugar- excepto un aeropuerto, una estación y una plaza de toros-. Esto me pasó en Bilbao, una ciudad como la copa de un pino, en la que sus espacios hablan de reconversión y revitalización.
Entre verdes colinas cubiertas de bosques y casi en la bocana de la ría del Nervión, el urbanismo luce uno de sus mayores logros contemporáneos en España- uno de pocos-. Las márgenes fluviales que vieron crecer el comercio vasco primero y que lanzaron la industrialización de la ciudad después, son hoy espacio de todos. Arteria de aire libre que junto con los parques urbanos y los montes aledaños ventilan buena salud a la ciudad y sus habitantes, aquellos de los que tan habitualmente se suelen olvidar nuestros visionarios gobernantes. Una ciudad que en nuestra oxidada memoria era gris, la misma que de un vistazo se reconoce verde y agradable.
Sin duda en tan poco tiempo de visita el objetivo era el Museo Guggenheim, motor cultural de Bilbao, centro neurálgico del turismo y casi dinamizador del tejido social de la ciudad. Retorcido, curvilíneo, brillante e inclasificable, recubierto con planchas de titanio, Puppy en la entrada y la araña Mamá junto a la ría. Proyecto onírico para cualquier arquitecto, es importante que el museo esté en el contenido y no en el continente- una cosa es la obra y otra la misión que debe cumplir-, de lo contrario llegará el día que quede vacío, inútil e inservible.
Bilbao sin duda merece mejor visita; patear su ría, el casco viejo, los parques, su ensanche. Si querer es poder, alguna vez será...

13 de agosto de 2012

Sobre los pasos en Hondarribia

Serán caprichos de Guadalupe, o de San Marcial...
Había pasado mucho tiempo deseando conocer Hondarribia, la Bahía de Txingudi y sus alrededores, pero nunca imaginé visitar la zona tres veces en menos de un año.
El mar en la desembocadura del Bidasoa sigue tranquilo, como la primera vez, con la flota amarrada y el barquito que hace las veces de taxi para conectar con Hendaya, dando paseos arriba y abajo, por 1,70€. La parte vieja, empedrada y tranquila, continúa esperando el Alarde para rendir sus ecos; mientras, sólo los niños ponen melodía a estos balcones, tan simples como encantadores. El monte, vasco y verde, claro.
En un año poco puede cambiar en una escenificación tan perfecta de las costumbres y el estilo de vida, así que sólo traemos algunas fotos y la historia de un gato escurridizo, celoso de quien pisa su parque sin maldad y cagueta con el que puede tenerla. Será que se las sabe todas.
Y una última foto, infiltrada: un atardecer cualquiera en Elorrio, en el Duranguesado vizcaíno.