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11 de octubre de 2014

El litoral sodomizado (I): las infraestructuras

A veces juego a imaginarme una línea de costa virgen.
Me sucede en el balcón del Mediterráneo, desde donde se ve con claridad cómo hemos confinado las playas entre infraestructuras y desdibujado el litoral y sus formas entre puertos, edificaciones y diques.
El resultado es el progreso económico de la sociedad; su precio, el deterioro ambiental y paisajístico. No hay marcha atrás; necesitamos comer, movernos y transportar mercancías. La cuestión es si queremos hacerlo bien o no. Ahí están para hablarnos la sobreexplotación pesquera, los vertidos, las artes de pesca sin escrúpulos, la alteración de las dinámicas litoral y fluvial, la desecación de humedales, la urbanización incontrolada, la proliferación de infraestructuras...

4 de octubre de 2013

A cal y canto

Puede que las ratas se escondan en el interior, y que su oscuridad abandonada esté aguardando la putrefacción de los cuerpos decapitados en una futura revuelta contra la clase política.
Son las mazmorras de hoy, y las hay en todas las ciudades.

27 de abril de 2013

Lo que hay que ver: la horca más grotesca

Fotografío y publico más la cara amable de los sitios que piso, pero en la recámara tengo siempre imágenes menos agradables esperando su momento, especialmente de rincones urbanos despojados de vida y sentimientos, desagradables a veces. Como aún tengo muchas fotos de viajes y excursiones sin enseñar, lugares con encanto y paisajes que prefiero no olvidar, les voy dando prioridad, y así las otras van quedando en el fondo del baúl. Sin embargo lo de esta semana clama al cielo, no puede esperar más.
El lunes, de camino al trabajo poco antes de las seis de la mañana, me fijé en una devastada fachada de esas cuyas fotos llevan tiempo aguardando, y lo que vi fue sorprendente: el ahorcamiento de una paloma, una de las muchas y asquerosas que coexisten con nosotros y el asfalto. Pensé que no tardarían mucho en retirarla y que debía darme prisa en fotografiarla si no quería perder semejante oportunidad de crítica a la higiene y estética de las ciudades.
El viernes, ayer mismo, aún seguía ahí, sobre las cabezas de los peatones y junto a la terraza de una cafetería. Inadvertida, invisible. Como es lógico, ponerme a hacer fotos, allí donde a simple vista no hay nada más que la desidia cotidiana, despertó la curiosidad de la gente, que empezó a fijarse. Alguno preguntó por qué lo hacía- al fin y al cabo no era un coche de lujo, ni un famoso deportista o un "top ten" de guía turística-, como si tener una paloma muerta a dos metros sobre su aparato digestivo no fuese motivo suficiente para la crítica, como si un colchón de plumón y mugre no fuese un ejemplo evidente de lo que tenemos que aguantar los que pagamos impuestos.
Siento lo desagradable de la escena, el mensajero nunca es el culpable.

26 de enero de 2012

¿Fumas?

Sólo hay algo más insalubre que un vertedero... la ciudad que lo alimenta.
Mientras los expertos debaten sobre si estamos ante el comienzo de una sequía y los caciques nos tranquilizan diciéndonos que nuestros embalses están al 60% de su capacidad en lugar de impulsar políticas orientadas a la demanda- eso sólo cuando el miedo al desabastecimiento empiece a cundir-, nuestros edificios, monumentos y cabezas se cubren con un denso casco de éter, merced a nuestros vigorosos hábitos de movilidad.
El resto de podredumbre es tan común como las colillas a las puertas de un hospital.