Aparecieron de repente, cada uno por su lado, como si estuviesen aburridos de tanta tranquilidad en Le Bouquet, una aldea (cuatro casas) envuelta en árboles a escasos kilómetros de Aix-en-Provence, la elegante ciudad provenzal francesa.
Pensamos que saltarían chispas entre ellos. Pero no fue así; parecían estar acostumbrados a pujar por las atenciones de los pocos visitantes que por allí se dejan caer. Nos acompañaron durante nuestro paseo, arriba y abajo, siempre delante, mientras buscábamos los últimos contrastes del día sobre la montaña Sainte-Victoire, un macizo calizo inspirador del genial Paul Cézanne. Magníficos anfitriones.
3 de octubre de 2014
Las agradables compañías
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28 de septiembre de 2014
Pilars caminants de Tarragona. Un Xiquet más
Ver castells es emocionante. Y tener amigos que te permitan vivir la excitación del momento como si fueras uno más de la colla, un lujo.
Hace poco han terminado las fiestas de Santa Tecla en Tarragona. Una semana y media de eventos, música y jarana por toda la ciudad. El remate lo ponen, el 24 de Septiembre, los pilars caminants. Las cuatro colles castelleres de la ciudad- y miles de personas alrededor- se apretujan delante de la catedral para cargar dos castells y un pilar.
El final es apoteósico: los pilares- de 4- suben, uno por uno y por orden de antigüedad, las escaleras de la Plaça de les Cols al Pla de la Seu, se giran, las bajan, descienden toda la Calle Mayor entre el nerviosismo, la ebullición y el éxtasis popular, hacen la Baixada de la Misericòrdia- un empedrado con doble curva y fuerte pendiente-, giran para entrar en la Plaça de la Font y la recorren hasta llegar a los escalones del Ayuntamiento. 500 metros aproximadamente, poca broma. Allí, en el balcón, espera el alcalde, que se retira y deja que al enxaneta le tiendan una faja para alzarlo.
Gracias a Vicenç y Judit hemos podido hacer el recorrido del pilar de los Xiquets de Tarragona a escasos metros de él, acompañando a la marea de camisas rojiblancas, sintiendo toda la excitación dels matalassers, entre gritos de ánimo, aplausos y un implacable nerviosismo in crescendo. Son ejemplares el respeto y el compañerismo, la unión, el trabajo en grupo y el esfuerzo que cada uno rinde a los demás. Piel de gallina, y mi más absoluta admiración.
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| El de las gafas de sol, concentrado. |
El final es apoteósico: los pilares- de 4- suben, uno por uno y por orden de antigüedad, las escaleras de la Plaça de les Cols al Pla de la Seu, se giran, las bajan, descienden toda la Calle Mayor entre el nerviosismo, la ebullición y el éxtasis popular, hacen la Baixada de la Misericòrdia- un empedrado con doble curva y fuerte pendiente-, giran para entrar en la Plaça de la Font y la recorren hasta llegar a los escalones del Ayuntamiento. 500 metros aproximadamente, poca broma. Allí, en el balcón, espera el alcalde, que se retira y deja que al enxaneta le tiendan una faja para alzarlo.
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| El del dedo, controlando. |
26 de septiembre de 2014
22 de septiembre de 2014
Perímetro sevillano (y III)
De polígono industrial a parque empresarial, ¿por arte de magia? Esta es la intervención industrial más destacada que recuerdo para que la economía de la ciudad se diversifique y crezca. Por supuesto reurbanizar, mejorar las dotaciones o incentivar la mejora del tejido productivo ni se plantea; eso ya lo harán los alemanes...
19 de septiembre de 2014
Perímetro sevillano (II)
Paisajes que la Expo'92 nos dejó. Ya saben, lo que queda de los albores de nuestro gran ciclo económico.
Sin su Exposición Universal y, sobre todo, sin la enorme transición territorial y urbanística que conllevó, Sevilla seguramente seguiría siendo una ciudad enganchada a la primera mitad del siglo XX; la intervención quirúrgica transformó la red fluvial, hizo que la capital andaluza olvidara su miedo al río y dejara de darle la espalda (no hay quien conciba ahora Sevilla sin su Guadalquivir, ¿verdad?), regeneró su tejido ferroviario, abrió grandes avenidas al tráfico y, en general, mejoró todas sus conexiones terrestres con el exterior, gran circunvalación incluída.
Tuvo sus chapuzas, claro, de esas obligatorias en este contexto; en Sevilla vienen de serie, como la familia de tu cónyuge.
Costó que la zona recuperara la actividad tras los fastos de Curro (¡qué cosa!) y Felipe González (¡qué rostro!), pero hoy es lugar de trabajo de muchos sevillanos. No obstante, es raro que alguien se pare a echar un ojo más allá de los semáforos del día a día, y quedan grandes vacíos incluso en algunos de los lugares más simbólicos.
Sin su Exposición Universal y, sobre todo, sin la enorme transición territorial y urbanística que conllevó, Sevilla seguramente seguiría siendo una ciudad enganchada a la primera mitad del siglo XX; la intervención quirúrgica transformó la red fluvial, hizo que la capital andaluza olvidara su miedo al río y dejara de darle la espalda (no hay quien conciba ahora Sevilla sin su Guadalquivir, ¿verdad?), regeneró su tejido ferroviario, abrió grandes avenidas al tráfico y, en general, mejoró todas sus conexiones terrestres con el exterior, gran circunvalación incluída.
Tuvo sus chapuzas, claro, de esas obligatorias en este contexto; en Sevilla vienen de serie, como la familia de tu cónyuge.
Costó que la zona recuperara la actividad tras los fastos de Curro (¡qué cosa!) y Felipe González (¡qué rostro!), pero hoy es lugar de trabajo de muchos sevillanos. No obstante, es raro que alguien se pare a echar un ojo más allá de los semáforos del día a día, y quedan grandes vacíos incluso en algunos de los lugares más simbólicos.
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