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28 de noviembre de 2014

Sevilla blanco y negro

"Creyó intuir que el pasado es la sustancia de que el tiempo está hecho; por ello es que éste se vuelve pasado en seguida" (La espera, Jorge Luis Borges).

22 de septiembre de 2014

Perímetro sevillano (y III)

De polígono industrial a parque empresarial, ¿por arte de magia? Esta es la intervención industrial más destacada que recuerdo para que la economía de la ciudad se diversifique y crezca. Por supuesto reurbanizar, mejorar las dotaciones o incentivar la mejora del tejido productivo ni se plantea; eso ya lo harán los alemanes...

19 de septiembre de 2014

Perímetro sevillano (II)

Paisajes que la Expo'92 nos dejó. Ya saben, lo que queda de los albores de nuestro gran ciclo económico.
Sin su Exposición Universal y, sobre todo, sin la enorme transición territorial y urbanística que conllevó, Sevilla seguramente seguiría siendo una ciudad enganchada a la primera mitad del siglo XX; la intervención quirúrgica transformó la red fluvial, hizo que la capital andaluza olvidara su miedo al río y dejara de darle la espalda (no hay quien conciba ahora Sevilla sin su Guadalquivir, ¿verdad?), regeneró su tejido ferroviario, abrió grandes avenidas al tráfico y, en general, mejoró todas sus conexiones terrestres con el exterior, gran circunvalación incluída.
Tuvo sus chapuzas, claro, de esas obligatorias en este contexto; en Sevilla vienen de serie, como la familia de tu cónyuge.

Costó que la zona recuperara la actividad tras los fastos de Curro (¡qué cosa!) y Felipe González (¡qué rostro!), pero hoy es lugar de trabajo de muchos sevillanos. No obstante, es raro que alguien se pare a echar un ojo más allá de los semáforos del día a día, y quedan grandes vacíos incluso en algunos de los lugares más simbólicos.

17 de septiembre de 2014

Perímetro sevillano (I)

Nadie presume tanto de su ciudad como un sevillano. Y a ninguno como a un sevillano le gusta más que le recuerden lo bonita que es su ciudad. Eso seguro. O dicho de otra forma, es difícil que exista alguien más encerrado en su mundo que un vecino del Guadalquivir y la Giralda.
El segundo razonamiento puede ser una paja mental mía, pero el primero tiene su lógica: Sevilla es monumental como pocas ciudades en el mundo, su gente derrocha desparpajo y alegría, tiene un clima agradable durante diez meses al año y un inmenso casco antiguo del que brota la Historia en cada esquina. Eso es lo que ve el turista, pero...
Pero como toda ciudad española y mediterránea, tiene su trastienda, su urbanismo pobre, su suciedad y su periferia, esos lugares donde todo se desordena y donde cualquier cosa que pueda hacerse mal, se hará mal.

Yo no soy amante de mi ciudad- ni de ninguna-, por el simple hecho de que aunque le encuentro cosas positivas para vivir, también hay otras que detesto. Ésta y las próximas dos entradas son el resultado de una mañana fotografiando tres rincones distintos de la ciudad, la que no se muestra, la que se aleja de los coches de caballos y el olor a azahar.

29 de agosto de 2014

El sol, la luz, la hora del día. La evidencia

¿Por qué las fotos no son iguales durante las primeras (o últimas) horas del día y el mediodía?
El sol incidiendo en un plano inclinado aporta texturas, sombras, matices y calidez. Cayendo a plomo, además de quitarle toda esa gracia a la escena, recalienta los sesos...

27 de agosto de 2014

Granada. Forever

Es evidente que no hay lugar en el mundo donde se pueda encontrar algo parecido. La espectacularidad  arquitectónica, artística y paisajística de la Alhambra es inigualable, y sólo hay que ir a verlo para comprobarlo.

28 de febrero de 2014

28F, hasta los huevos de los tópicos

Hoy es el Día de Andalucía, de esa tierra a la que tantos humillan y desprecian a diario. Es el día de lo que muchos conocen por lo que ven en la televisión: romerías, ceceo, seseo, analfabetismo y subsidios, no necesariamente en este orden.
Pero también es el día de los andaluces que quieren salir adelante por méritos propios, el de los que se esfuerzan, abren su mente, quieren hacer las cosas bien y odian los tópicos. Por favor, recuérdenlo cada vez que les pongan por delante el estereotipo; también hay andaluces que saben expresarse y con los que poder echarse unas risas sin necesidad de que te cuenten un chiste. Como en cualquier lugar, ¿no?

5 de abril de 2013

Horas de patio

Porque ya no suele ser habitual escuchar allí abajo niños dando pelotazos o gritando, es precisamente por lo que sentir un balón rebotar te sorprende e incita a asomarte.
En ese suelo de lija sólo ha faltado hacer campeonatos de curling; una auténtica pista polideportiva para fútbol- a lo largo y a lo ancho, ¿o acaso no se ven las porterías y sus áreas?-, tenis, baloncesto- mil y una veces descolgados o rotos aro y tablero-, béisbol, velódromo ciclista... con sus anexos para natación, waterpolo, saltos acrobáticos con o sin trampolín- con o sin piscina-, ciclocross, parkour- antes de que existiera, eso seguro-, frontón... y de lo extradeportivo mejor no hablar, que esos bancos podrían revelar secretos de Estado.
Varias generaciones pasaron allí algunas de las mejores horas de su vida; una lástima que las actuales no sepan ver que un chicle puede servir, durante años, como punto de lanzamiento para tiros libres.

29 de marzo de 2013

El mismo cuento cada año

Todos los años, varias semanas antes, ya están allí colgadas. Luego la ciudad se queda inutilizable, moteada con lágrimas devotas que a los pocos días ya no entienden de religión ni compasión.
Penitencia la del resto de los sevillanos.

26 de marzo de 2013

El Jardín Americano de Sevilla. Chapuza "made in"

No recuerdo haber visto un lugar dedicado a la naturaleza más olvidado que éste. Tenía que ser en Sevilla, claro, ilustración de desidia, pésima gestión y nulo amor por el territorio. Hay parques en cualquier pueblo- y área de servicio- que reservan algún pequeño rincón para un reducido muestrario de plantas- aromáticas, crasas, cactáceas- y consiguen mucho mejor resultado; pero en Sevilla "hay que mamar".
Su Jardín Americano se creó para que durante la Exposición Universal de 1992 se diera a conocer la diversidad botánica de dicho continente. Durante casi dos décadas permaneció en el ostracismo, hasta que en 2010 el Ayuntamiento socialista lo reabrió previa inversión de ocho millones y medio de euros (¿?). Por su ubicación a orillas del Guadalquivir es un lugar privilegiado, pudiendo desde allí disfrutar de su ribera fluvial y las vistas de la opuesta; está junto al Monasterio de Santa María de las Cuevas (o de la Cartuja) y a escasos metros de un diplodocus especulativo horrendo, supuesto nuevo referente urbano y económico (¡una peineta en toda regla!). Pero si no hay bares ni cofradías no interesa, oiga, que somos de recias tradiciones.
No lo recuerdo de aquellas años mozos, pero de las dos visitas que he le hecho recientemente he sacado la misma conclusión: es un bodrio. Sí, hay variedad de plantas, pero escasamente y mal indicadas, las tareas de jardinería las realizan las arañas, está sucio (es costumbre sevillana muy arraigada no usar las papeleras) y da la sensación de que el Jardín está allí para que, irónicamente, la naturaleza siga su curso... y las alimañas se hagan con el lugar. Para no dignificarlo, la web de promoción turística de Sevilla contiene una galería fotográfica vergonzosa, a la altura de su información. Todo muy cutre, como- casi- siempre.
Si aceptamos- ¡ejem!- que la inversión de 8.500.000€- ¡ejem!- fue íntegra al espacio en cuestión, ¿no se puede hablar abiertamente de negligencia del consistorio por tener que redoblar el esfuerzo económico de 1992? Si aquello estaba hecho unos zorros, sería igualmente su responsabilidad, ¿no? Pero, mientras esta crisis nos aplasta y vamos abriendo los ojos respecto a nuestros políticos, ¿no sería también lógico pensar en que es demasiado dinero incluso para sacar de las cenizas un jardín de dos hectáreas? ¿Dentro de veinte años sucederá lo mismo?

Es Sevilla, ciudad taurina y de fiestas primaverales porencimadetodaslascosas, así que ya sabemos la respuesta; reabierto y predestinado al abandono.
Apuesto a que mi madre cuida mucho mejor sus plantas en la terraza.

29 de septiembre de 2012

Como agua de otoño

Nunca llueve a gusto de todos, pero es necesario. El agua es un tesoro que desde nuestras comodidades no solemos apreciar; tan fácil es acceder a ella que sólo necesitamos un leve giro de muñeca para abrir el grifo. No soporto su desperdicio: el agua corriendo sin nada que lavar o vaso que llenar, con un recorrido tan corto como un pestañeo, a veces a una presión tan descuidada y elevada que parece forzar los límites del desagüe.
Aquí hacía falta que el otoño viniese mojado porque ya empezaban a sonar alarmas de sequía, el único momento de nuestra existencia en el que empezamos a racionalizar el agua. Si su precio incluyese el coste real de captación, transporte, saneamiento, trastorno ecológico y suministro, seguramente nos lo pensaríamos mejor antes de dejarla correr, regar a pleno sol o multiplicar campos de golf. Bienvenida sea la lluvia; el campo, las cabras, los gusanos, los pantanos, todos lo agradeceremos en los futuros meses.
Ahora retumban las inundaciones, igual que los incendios hace tan solo unos días (¿por qué hay tanto suelo urbanizado en zonas tan propensas al fuego?). Tal vez no estaría de más plantearnos qué hacemos mal. Los ríos no se inventan nuevos trazados ni cruzan desorientados pueblos y carreteras, sólo ocupan "su" espacio, el cauce en una rambla o las llanuras de inundación en las zonas bajas. Existen sucesos meteorológicos extraordinarios, cierto, pero el error es nuestro por no respetar el código de convivencia con la naturaleza: construir en las márgenes fluviales, ocupar cauces secos, olvidarnos de las tareas de limpieza de ríos y arroyos, impermeabilizar suelos asfaltándolo todo, deforestar el monte o menospreciar las laderas escarpadas.
Nuestro clima mediterráneo y el abrupto relieve de buena parte de las zonas más expuestas a las lluvias torrenciales nos invitan a ser precavidos, pero nuestro patrón de comportamiento es siempre el mismo: menospreciar, alterar y luego lamentar. No aprendemos.
"El anciano turcomano ha visto pozos secos, de modo que sabe lo que es la desesperación, y ha visto pozos llenos de agua, de modo que sabe lo que es la alegría. Sabe que el sol da la vida, pero sabe también que el sol trae la muerte, cosa de la que no es consciente ningún europeo. Sabe lo que es la sed y lo que es la saciedad." El Imperio, Ryszard Kapuściński.