8 de marzo de 2013

Y al cuarto día el Francolí se desbordó

Hace menos de una semana, mientras el Francolí llegaba manso a su desembocadura junto al puerto de Tarragona, plantábamos aladiernos y y lentiscos en sus márgenes.
La casualidad ha querido que sólo cuatro días después su aspecto fuese completamente distinto, con una crecida que inundaba parcialmente sus márgenes y dejaba impracticables los caminos laterales. Las condiciones geográficas de las que hablábamos se han manifestado.
Es sólo un pequeño ejemplo de por qué los laterales fluviales y los frentes marítimos deben estar libres de construcciones e infraestructuras; aunque el verano pasado daba pena ver su cauce sin una gota, la naturaleza tiende a ocupar sus espacios cada cierto tiempo y los riesgos naturales no desaparecen por mucho que avance nuestra tecnología. De esto se suelen olvidar con frecuencia ayuntamientos, especuladores y particulares, para luego llorar frente a una cámara y echarle la culpa a otros.
Por suerte ha estado lejos de ser catastrófico y han funcionado las alertas. Curiosos, aficionados a la fotografía, abuelos y niños hemos vuelto a acercarnos al río para echar un buen rato. No sé qué pasará con todo lo que plantamos el sábado, pero al menos tendremos agua para seguir duchándonos y bebiendo cada día.

5 de marzo de 2013

Islandia (XVIII), la hora de las ballenas. ¿Y las ballenas?

Nos retorcimos y desperezamos dentro de los sacos. En la casa todo seguía tranquilo; nadie había cogido aún uno de esos cientos de libros que poblaban las estanterías, repletos de historias, fotos y mapas islandeses. La habitación estaba llena de luz y algo agitaba nuestros corazones. Los rayos del sol se escapaban por entre las nubes y no hacía falta descorrer la tibia cortina para darse cuenta de ello; el cielo volvía a mostrar pellizcos azules y las nubes podían ser algo más que compactos macizos negruzcos. Algo estaba cambiando sobre Kópasker, uno de esos pueblos con cuarenta viviendas, cuarenta jardines y cuarenta bicicletas apoyadas junto a la puerta, un surtidor de gasolina, un puerto y alguna industria de transformación.
A estas alturas, decir que preveíamos un día intenso parece broma, pero la realidad era que lo habíamos marcado con un color especial en el calendario y el mapa. Nos esperaban el avistamiento de cetáceos y una zona volcánica y geotérmica, origen ésta de todos mis trastornos posteriores.
No suelo hacer mucho caso de los folletos turísticos ni de lo que se anuncia con fanfarria; más bien soy reacio, pero a veces, vete tú a saber por qué, hay que pasar por el aro.

Habíamos pagado 68€ (nada de coronas islandesas) por persona para cuatro horas de navegación en un viejo y restaurado velero que incluían: avistamiento de ballenas rorcuales, jorobadas e incluso azules en Skjálfandi, una bahía de origen glaciar y hoy desembocadura de ríos salmoneros; aproximación a la colonia de frailecillos que anida en la isla Lundey; "north sailing" (navegar a ratos sin motor y zamarreando cabos y velamen); y un dulce con chocolate caliente, chorreón de licor voluntario. Se incluía la ropa de abrigo. El principal reclamo eran las ballenas y sus acrobacias, pero a duras penas vimos a lo lejos el lomo o la aleta caudal de alguna, mientras las perseguíamos cual niño detrás de una pelota. Las aves, como es lógico, salián despavoridas cuando se acercaba la embarcación.
No era un mal día de mar, pero tampoco su superficie un pellejo estirado. Los mareos, como los bostezos, se contagiaron por segundos: ¡papillas a babor! Muchos, tal vez todos, salimos de allí con la sensación de haber tirado el dinero, de que por cada pasajero que ve una ballena bailar break-dance, hay quinientos- o mil, o diezmil- que recordarán toda su vida cómo sonreía agradecido el empleado que le cobró. "Será inolvidable", dicen los folletos. También será cuestión de suerte, que no tuvimos, aunque ellos contabilicen esos chepazos como avistamiento igual que un triple mortal carpado: 99% de éxito, también dicen. Húsavík, un próspero y acicalado pueblo costero, vive- y bien- de éste y otros negocios turísticos que crecen al son del mar.
Moraleja: parece dogmático que como turista tengas siempre que soportar precios abusivos. Previo aviso, se puede evitar. Si estás cerca de Húsavík visita el pueblo, el puerto, su museo de las ballenas, el de los falos si eres curioso y tienes tiempo... y huye al lago Mývatn y sus alrededores: está cerca, es gratis, inolvidable, dificilmente descriptible y, probablemente, será uno de los lugares más radicales que visites en tu vida. El Krafla retumbará para siempre en tu cabeza.

3 de marzo de 2013

Reforestando el río Francolí

En la vida hay muchas más de tres cosas que hacer, y por supuesto reforestar una ribera fluvial es una de ellas.
El Francolí es uno de tantos ríos mediterráneos: corto y con una cuenca hidrográfica encajonada entre el relieve abrupto de su nacimiento (las Montañas de Prades) y su desembocadura en Tarragona, alimentado por cauces intermitentes y con un régimen de lluvias característico del levante español, es decir, esporádicas y torrenciales concentradas en cortos periodos de tiempo.
Si a su cuenca baja le añadimos el encajonamiento del río, infraestructuras transversales, la ocupación y urbanización de suelos inundables y una salida al mar con un giro de 90º- todo ello con el sello sapiens-, el resultado es una bomba de relojería; otro río más provocando catástrofes gracias a nuestro saber hacer.
La última gran avenida tuvo lugar en 1994, con el cauce desbocado devastando los barrios más cercanos. La solución, en 2001, fue enclaustrar definitivamente el agua, eliminar un humedal que se había desarrollado en el último tramo, y crear equipamientos de ocio en sus márgenes, todo muy propio de ingenieros y arquitectos. Es bien sabido que podríamos disfrutar en las ciudades de esas mismas zonas al aire libre- y de mayor calidad ambiental y paisajística- sin necesidad de gastar tanto dinero y dejando a la naturaleza más libertad, lo que enriquecería y diversificaría los tramos fluviales (intervención hidrológica), pero es mejor sabido cómo le gusta a la administración pública llevar a cabo grandes proyectos que justifiquen sus votos a corto plazo (obra hidráulica).
Como igualmente debemos cuidar lo que tenemos, la Fundación Repsol y la Asociación Aurora habían organizado para ayer una plantada popular para ayudar a reforestar la ribera más próxima a la ciudad; y allí que fuimos. Ellos ponían las herramientas, el refrigerio y la ayuda, nosotros la ilusión y las energías. Gente joven, adulta, de la tercera edad, familias con niños (muchos), llegados a pie o en bicicleta; todos con ganas de aportar para que en el futuro este espacio sea más agradable y cercano, más río y menos hormigón. Lentiscos, aladiernos, ginestas y tarajes están ahora preparados para crecer.

28 de febrero de 2013

Lo que hay que ver: peces que pasan la mopa

George B. Schaller, un naturalista más de campo que las amapolas, cree que "todos los seres son perfectos a su manera"... y seguramente tenga razón.
Sin escamas y omnívoro, conocido como pez gato o chupacristales, este siluriforme puede vivir hasta ¡quince años! mientras mantiene los acuarios como una patena. No fue fácil conseguir un primer plano nítido... su dueño no lo tiene amaestrado y hace lo que le da la gana- el pez, se entiende, que el otro está casado y es padre-.

25 de febrero de 2013

Naciente, viviente

Que toda la calle huela a lavanda y las palomas no tengan más opción que inmolarse.
Seguiremos informando.