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14 de febrero de 2014

De cómo atardece en la Caldera de Taburiente

Ya que hoy es el día de los enamorados, a lo mejor a alguien le apetece realizar una conquista no tan del gusto de El Corte Inglés o Inditex; un recorrido sencillo y circular desde La Cumbrecita hacia el Lomo de las Chozas y el Mirador de los Roques, donde puedes ir siempre rodeado de pinos canarios y bajo el mando del inmenso Roque de la Cumbrecita.
Como para no caer rendidos cuando durante la puesta de sol se mezclan los tonos de luz suaves y rojizos con la textura de las rocas y el bosque. Tú con ella, ella contigo, él con el otro, ella con aquella, todos con la Caldera de Taburiente...

16 de enero de 2014

Las salinas y el faro de Fuencaliente, blanco sobre negro

A los pies de un cráter el paisaje suele ser desolador, caótico e incluso fantasmal. Por eso choca encontrarse con este lugar tan peculiar en el camino desde el volcán de San Antonio hasta el mar, atravesando pistas negras sobre ceniza y escoria volcánica.
Las salinas y faro de Fuencaliente- en realidad dos: uno antiguo reconstruido y otro nuevo-, declarados Sitio de interés científico, están encerrados por las lenguas de lava resultantes de la última erupción volcánica del Teneguía y por el bravo oleaje del Atlántico.
En este rincón del último pedazo de tierra en el extremo meridional de La Palma, se exprime con sol y viento cada gota de agua para obtener sal marina (gruesa, fina o flor de sal); y tú, mientras tanto, cada vez te sientes más adormecido por la templada luz canaria y el sonido rompiente del mar contra las rocas.

26 de diciembre de 2013

El volcán de Teneguía, la lava de anteayer

Ha sido hasta la fecha el último petardazo en superficie española.
El volcán de Teneguía, en el vértice meridional de La Palma y junto a sus hermanos mayores San Antonio y Cumbre Vieja, no pudo aguantarse más los gases y en 1971 entró en erupción.
El resultado es un paisaje alucinógeno minado de cráteres, fisuras, laderas verticales, coladas de lava petrificada y rocas porosas, negruzcas y rojizas. Un lugar con 40 años de existencia, el tiempo transcurrido hasta hoy desde su erupción y usurpación de espacio al mar; ahora la isla es un pedacito más grande que hace medio siglo.
Tierra extraña, tanto que no vimos ni un solo visitante español. Para que luego digan que son los guiris los de la tumbona y la cerveza...

25 de noviembre de 2013

Diminutolandia

Lástima que lluvias y desprendimientos impidiesen el acceso a Los Tilos, uno de los mejores ejemplos de laurisilva, según dicen, en las Islas Canarias.

De lo poco que pudimos ver, ahí van algunos pequeños habitantes de estos ecosistemas terciarios tan valiosos.

3 de noviembre de 2013

De la platanera al buche

¿Te has metido alguna vez en un bosque de plataneras? Nunca sabes si el dueño está a punto de salir detrás tuya a garrotazos o si al siguiente paso tu pie se hundirá hasta la rodilla en una montaña de hojas secas... Los curiosos tienen garantizado el entretenimiento intentando descifrar el crecimiento de sus enormes flores púrpura y los deliciosos manjares de los que cuelgan.
Dando tumbos por las retorcidas curvas palmeras a la caza de unas piscinas naturales donde comer y darnos un delicioso baño otoñal, encontramos en el suelo una espiga de platanero a rebosar, lista para ser desguazada y disfrutar de un banquete del más famoso fruto canario... ¡esto es vida!

27 de octubre de 2013

Nota mental: no olvidar La Palma y la Caldera de Taburiente

Por algo las llaman islas afortunadas. La mitología griega, que las ubicaba más allá del continente africano, las señalaba como el lugar en el que el reposo era perfecto para las almas de los virtuosos. Un argumento más poético y embriagador que la tumbona, el bronceador y una semana de vacaciones a todo plan, el muy manoseado sol y playa de las Islas Canarias. Pero no nos engañemos, lo bueno, lo realmente espectacular- y el que lo niegue es porque no lo conoce-, comienza precisamente cuando sales del agua y te quitas el bañador.
La isla de La Palma, en el extremo noroccidental del archipiélago, tiene forma de colmillo perfecto, recién sacado de una excavación arqueológica. Y un relieve complejo e inaccesible que parece haber estado modelado en un torno de alfarero: la mitad meridional tiene divididas sus vertientes Este y Oeste, casi simétricamente, gracias a una arista continua desde el extinto volcán de Cumbre Nueva hasta los de San Antonio, Teneguía y la Punta de Fuencaliente- y sus salinas-, incluyendo todo el Parque Natural de Cumbre Vieja. Por otra parte el sector septentrional guarda el auténtico tesoro de la isla, Parque Nacional por derecho propio: una caldera volcánica con ocho kilómetros de diámetro, delimitada por una crestería que supera los 2.400 metros de altitud, con escarpes de casi 1.000 metros y laderas cubiertas por masas forestales de pino canario. El Barranco de las Angustias hace de desagüe y remata su planta en forma de embudo, mientras que alrededor de la caldera y hasta el mar se extiende una densa corona boscosa sobre una superficie abrupta y plagada de barrancos. Sobre el mapa este perímetro cónico parece una piel vieja, ajada y arrugada, aunque en realidad tantos escarpes y líneas verticales llaman la atención sobre la juventud del relieve.
Desde el punto más elevado, el Roque de los Muchachos (2.426 metros), la sensación de vértigo es inevitable; es como ponerse de pie sobre el delgado borde de un oscuro pozo en el que no vemos el fondo ni escuchamos el chasqueo de una piedra lanzada al vacío. Pero con edición panorámica y superlativa. Solo el viento frío y un manto de nubes que sube y baja como un ascensor acompañan al visitante por estos riscos pétreos, tachonados de avisos a imprudentes sobre los riesgos de deslizamiento si salen de la senda marcada. A la espalda se posan los telescopios del Observatorio Astrofísico del Roque de los Muchachos, esperando la noche bajo un inmenso cielo que, paradójicamente, está protegido de la contaminación lumínica gracias a la alfombra de nubes.
No, no es casualidad que con estos mimbres la isla esté declarada Reserva de la Biosfera. De momento su modelo de desarrollo se aleja del turismo masificado de algunas islas vecinas, y sus visitantes- con perfil de excursionista extranjero- están más preocupados por conocer su riqueza natural y diversidad geológica que por tostarse al sol. En La Palma, todavía, la calidad es más importante que la cantidad. No dejes de ir.