14 de abril de 2013

Lugares distinguidos: Casa Canals y Casa Castellarnau

Me pregunto cómo pasarán a la posteridad las casas de las familias derrochadoras de nuestro tiempo, muchas de ellas geometrías cúbicas decoradas sin corazón y menos personalidad. Hay multitud de programas insípidos que hablan de ellas, pero no dicen nada que no sirva para poner el listón cultural de sus habitantes a la altura del pasto de las vacas.
En los tiempos que corren yo no decoraría mi salón con elementos neoclásicos, isabelinos o lámparas de araña, por mucho dinero que tuviera, pero en la casa de una familia distinguida de hace siglo y medio significan exquisitez. No se pueden comparar los dormitorios y sus alcobas con las habitaciones minimalistas; las bibliotecas y despachos con la revista de decoración o arquitectura como única  expresión de literatura; los escudos y retratos familiares con una pintura abstracta de precio obsceno... pero apuesto a que muchas de las construcciones que hoy son singulares dentro de doscientos años serán escombros.
La diferencia está en haber pertenecido a una familia noble- y tener los privilegios propios de la época- o en tener la cabeza llena de pajaritos y aires de grandeza- en ocasiones acompañado por unos cuantos pelotazos urbanísticos-.

11 de abril de 2013

Islandia (XXI). Goðafoss y Akureyri, guindas en el pastel

Que la naturaleza está hecha a otra escala en Islandia es algo que habíamos podido comprobar desde el inicio del viaje, y especialmente en los alrededores del Krafla. Pero aún quedaban más muestras de grandiosidad, de paisajes donde el ser humano no puede imponer leyes.
Goðafoss, la cascada de los dioses, era el enésimo ejemplo de torrente masivo, ingobernable; una pared vertical con forma semicircular por la que se desploman miles de litros de agua sin cesar, igual que los dioses paganos arrojados por los islandeses al acoger el cristianismo allá por el año 1000, según las sagas nórdicas. Otra vez el sonido ronco que obliga a levantar la voz para hablar con el de al lado, de nuevo esa mirada de sorpresa, fascinación, asombro... en otro recodo de la carretera.
De allí nos dirigimos a Akureyri, la segunda área urbana más importante del país tras Reykjavík y su zona de influencia, con poco más de 17.000 almas. Situada al fondo del profundo Eyjafjörður y encajonada entre montañas salpicadas de granjas, tiene el aspecto del lugar perfecto para pasear durante la jubilación, respirar aire fresco y salir a pescar- arenques, bacalao o un resfriado-. Desde luego no pudo haber mejor colofón para un intenso día de naturaleza: antes de caer derrengados disfrutamos de una agradable caminata entre elegantes casas de colores suaves, maquilladas por la mágica luz del sol de medianoche, con sus sombras infinitas y sus tonos dorados engalanando el fiordo.

7 de abril de 2013

Nubes que crujen

Dicen que esta semana llegará el tiempo primaveral, ése al que tanto echamos de menos.
Pues ya va siendo hora...

5 de abril de 2013

Horas de patio

Porque ya no suele ser habitual escuchar allí abajo niños dando pelotazos o gritando, es precisamente por lo que sentir un balón rebotar te sorprende e incita a asomarte.
En ese suelo de lija sólo ha faltado hacer campeonatos de curling; una auténtica pista polideportiva para fútbol- a lo largo y a lo ancho, ¿o acaso no se ven las porterías y sus áreas?-, tenis, baloncesto- mil y una veces descolgados o rotos aro y tablero-, béisbol, velódromo ciclista... con sus anexos para natación, waterpolo, saltos acrobáticos con o sin trampolín- con o sin piscina-, ciclocross, parkour- antes de que existiera, eso seguro-, frontón... y de lo extradeportivo mejor no hablar, que esos bancos podrían revelar secretos de Estado.
Varias generaciones pasaron allí algunas de las mejores horas de su vida; una lástima que las actuales no sepan ver que un chicle puede servir, durante años, como punto de lanzamiento para tiros libres.

1 de abril de 2013

Las plantas de mi madre

Por un lado las de interior, por otro las que necesitan baños de sol; están por todas partes, sobre tiestos y jardineras, cuidadas con esmero, sus dosis de agua, una pizca de cariño y palabras para mimarlas, que no falten.
El pequeño Pablo ya sale a ver las plantas de la abuela, como cuando va al parque y busca sus diminutos tesoros. Pronto él también ayudará a regarlas, a darles el empujón de cada día; un mundo más verde y agradable es posible.
¡Regaderas, a trabajar!