9 de mayo de 2013

Holanda y Bélgica no son tan perfectos como parece

Tienen la riqueza, las flores, el comercio, la industria, el I+D, la creatividad, los molinos, el chocolate, el dinamismo, las bicicletas, el queso... Calles abarrotadas de zapaterías, tiendas de decoración, complementos, ropa, galerías de arte, estudios, cafeterías llenas y restaurantes decorados con mimo... Ciudades bien ordenadas, canales de agua, zonas residenciales de ensueño, vacas, ovejas y caballos pastando, casitas de cuento, campos perfectamente alineados, edificios históricos, museos y espacios públicos de manual de urbanismo. Les sobra educación, respeto, pulcritud y tolerancia. Y son centro de decisión e influencia en Europa.
Pero no hay manera de encontrar un maldito paquete de galletas con chocolate... y eso es intolerable.

27 de abril de 2013

Lo que hay que ver: la horca más grotesca

Fotografío y publico más la cara amable de los sitios que piso, pero en la recámara tengo siempre imágenes menos agradables esperando su momento, especialmente de rincones urbanos despojados de vida y sentimientos, desagradables a veces. Como aún tengo muchas fotos de viajes y excursiones sin enseñar, lugares con encanto y paisajes que prefiero no olvidar, les voy dando prioridad, y así las otras van quedando en el fondo del baúl. Sin embargo lo de esta semana clama al cielo, no puede esperar más.
El lunes, de camino al trabajo poco antes de las seis de la mañana, me fijé en una devastada fachada de esas cuyas fotos llevan tiempo aguardando, y lo que vi fue sorprendente: el ahorcamiento de una paloma, una de las muchas y asquerosas que coexisten con nosotros y el asfalto. Pensé que no tardarían mucho en retirarla y que debía darme prisa en fotografiarla si no quería perder semejante oportunidad de crítica a la higiene y estética de las ciudades.
El viernes, ayer mismo, aún seguía ahí, sobre las cabezas de los peatones y junto a la terraza de una cafetería. Inadvertida, invisible. Como es lógico, ponerme a hacer fotos, allí donde a simple vista no hay nada más que la desidia cotidiana, despertó la curiosidad de la gente, que empezó a fijarse. Alguno preguntó por qué lo hacía- al fin y al cabo no era un coche de lujo, ni un famoso deportista o un "top ten" de guía turística-, como si tener una paloma muerta a dos metros sobre su aparato digestivo no fuese motivo suficiente para la crítica, como si un colchón de plumón y mugre no fuese un ejemplo evidente de lo que tenemos que aguantar los que pagamos impuestos.
Siento lo desagradable de la escena, el mensajero nunca es el culpable.

22 de abril de 2013

Mi amigo Wili

Rebuscando entre las conchas en la arena aparecen diminutos tesoros, como el pequeño Wili, de apenas dos centímetros de envergadura; todo un águila culebrera en su roca, seguro. La pinza sería de algún hermano mayor, aguerrido sin duda.
Pero suculentos platos para el macro hay por todas partes. Estos pedazos de musgo se habían desprendido de un muro orientado al Norte, ahora que la temperatura ha subido y la exposición al sol va in crescendo. Son minúsculas formas de vida que suelen pasar desapercibidas, y justo eso lo hace mucho más divertido.

19 de abril de 2013

17 de abril de 2013

250km/h

Todo pasa demasiado deprisa, pero al menos te quedas con la sucesión de panoramas; un enorme puzzle cuyas piezas apenas sientes unos segundos en las retinas.
A diferencia del avión, desde el que solo se percibe una alfombra de colores en la que casi nunca se intuyen las formas, en el tren te envuelven los paisajes en cuanto abres los ojos... aunque el AVE se mueve tan rápido que debes estar atento.
Desde la vega del Guadalquivir, pasando por las dehesas de Sierra Morena, la llanura manchega y la desaparición de la Meseta tras dejar atrás Madrid, los pueblos de piedra y sus caminos rurales, la aridez de Los Monegros, las huertas ilerdenses y los bosques catalanes hasta la aglomeración barcelonesa, sólo hay un elemento común: las horrendas fachadas exteriores de las ciudades y sus, aún más feas y descuidadas, zonas industriales.
Sólo hay que levantar la cabeza del móvil y mirar por la ventanilla, que nos vamos a volver imbéciles.