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5 de febrero de 2015

Saint-Michel-l'Observatoire. Tú el queso y yo el saucisson

El Luberon es un macizo montañoso del Sur de Francia, poco conocido por su discreta elevación y por el efecto eclipse de los campos provenzales de lavanda y la proximidad de la Costa Azul. Pero está ahí, lo juro, y es maravilloso. Suaves colinas salpicadas por pequeños pueblos de piedra donde la vida discurre tranquila; calles llenas de dulzura; talleres de pintores y oficios artesanos; gatos vividores... Y uno de los mejores firmamentos de Europa gracias a la oscuridad de su cielo nocturno.
En Saint-Michel-l'Observatoire, donde se encuentra el que muchos consideran el mejor observatorio europeo de baja altitud, hicimos un picnic a la luz de la luna llena. Obviamente, ésta rompía toda posibilidad de fotografiar un cielo minado de estrellas, pero a cambio le dio un toque especial a la larga exposición.

28 de noviembre de 2014

Sevilla blanco y negro

"Creyó intuir que el pasado es la sustancia de que el tiempo está hecho; por ello es que éste se vuelve pasado en seguida" (La espera, Jorge Luis Borges).

4 de noviembre de 2014

Dubrovnik, al son de la burbuja

Dubrovnik, la antigua Ragusa, bien podría ser un monumento al Mediterráneo. Tiene una luz y un atardecer exquisitos, allá en el extremo meridional de la costa croata. Dicen que es "la perla del Adriático".
Su paisaje urbano, de tejas rojas rodeadas de fortificaciones y mar por tres de sus puntos cardinales, es sublime, digno legado de la nobleza que habitó este rincón del Adriático. Lugar de comerciantes, navegantes, riqueza, arte, cultura y rivalidad con Venecia; dan ganas de conocer su "stradun" retrocediendo 300 años en el tiempo.
La Ragusa de los siglos XV y XVI descollaba en el mar con más patrimonio y herencia humanística del planeta. Ahora lo sigue haciendo, pero con su personalidad histórica un tanto diluida: cruceros, restaurantes, hoteles y monumentos abarrotados en una de las referencias turísticas europeas. Otra forma de hacer caja.

23 de octubre de 2014

Počitelj, aguas abajo de Mostar

Piedra sobre piedra.
Al Sur de Mostar, en la margen izquierda del Neretva, se levanta el conjunto medieval y otomano de Počitelj, tiempo atrás centro de gobierno de la región. Su muralla, torre y baluartes del complejo fortificado, envuelven la mezquita, una madraza, los baños públicos, la torre del reloj y calles empedradas que se pierden entre casas y aromas mediterráneos de una suave colina junto al río.
La ciudad perdió su importancia estratégica a finales del siglo XIX y eso permitió que el conjunto urbano se conservara excepcionalmente bien. Hasta que llegó la guerra en los noventa.

6 de octubre de 2014

Cuando Europa pasa por Mostar

Posiblemente el Stari Most sea uno de los lugares donde mejor se puedan simbolizar un par de cosas:
Uno. La decadente historia europea reciente, con el absoluto fracaso de la Unión Europea para evitar el drama de la guerra, del que nos creíamos ajenos en los noventa. Y en ello continuamos. Europa aspiraba a una moneda única y a la libre circulación de personas para abastecer sus mercados de trabajo; y lo ha conseguido, pero por el camino se ha dejado los ideales de democracia, cultura y tolerancia que arrastraba desde hace dos mil años.
Dos. La intransigencia y absoluta necedad de los orgullos patrios, los nacionalismos y el fervor religioso.
Si tienen la oportunidad paseen por Mostar, bajen la vista al río Neretva, crucen el emblemático puente viejo (Stari Most, en su día volado en mil pedazos y ahora reconstruído), caminen por las calles empedradas de su Stari Grad (ciudad vieja), contemplen sus mezquitas e iglesias ortodoxas... y asómbrense con la estupidez del ser humano.

13 de julio de 2013

Un millón de estrellas sobre el Teide

Hay cosas que no se olvidan por mucho que pase el tiempo; momentos, imágenes, sonidos grabados de forma indeleble en nuestra memoria. No necesitan recordarse cada día para recuperarlos, sabemos que están ahí, que aguardan intactos para cuando volvemos sobre ellos; meses, años, lustros después. Sé que esto me pasará con los chasquidos de un glaciar igual que me sucede con el halo de luz de la vía láctea, experiencias fascinantes acompañadas de emociones tan intensas que son insustituibles.
De pequeño, gracias a la escala de prioridades en casa, tuve la enorme suerte de viajar, de conocer otros países y de pasar muchas horas en grandes espacios abiertos (en los 80 no era algo tan habitual); nuestra "segunda residencia" eran la caravana y las tiendas de campaña. Y gracias a la pasión que mi padre desprendía por la naturaleza pudimos disfrutar en familia de lugares inolvidables, momentos que aún hoy siguen siendo una referencia para saber de dónde vengo, cómo me han educado y lo mucho que me han dado e inculcado.
En 1986 la órbita del Cometa Halley se aproximaba tanto a la Tierra que sería visible desde aquí abajo; el siguiente perihelio se anunciaba para 2061. Cualquiera puede imaginarse lo que esas magnitudes temporales suponían para el niño de 5 años que yo era entonces. Nosotros íbamos de camping y entre un buen número de sillas chisporroteaba el fuego (ya he dicho que eran otros tiempos); esa noche tocaba mirar el cielo para ver pasar el cometa, y entre un mundo infinito de estrellas y constelaciones asomaba una luz pálida y blanquecina que contrastaba con el negro profundo de un cielo perfectamente despejado. ¿Qué era aquello?
Más de dos décadas y media después, y con algún esporádico reencuentro a mitad de camino, no me costó mucho convencer a Inma para recuperar esa niñez en uno-de-los-mejores-escenarios-del-planeta. Y no es exagerar. Sabíamos que no habría luna y que estaríamos sobre las nubes. Solo teníamos que esperar a que anocheciera por encima de los 2.000 metros de altitud en las Cañadas del Teide, junto al Observatorio Astronómico de Izaña, y el universo pondría el resto- también puede parecer osado, pero no es hablar por hablar-. 
Ansiosos esperamos a que el crepúsculo terminará su faena; los azules, con eterna parsimonia, se fueron oscureciendo hasta hacerse negro, y empezaron a surgir estrellas como burbujas en agua hirviendo. Los 5º C en el exterior eran una tontería con tanta emoción contenida, y reconozco que algún grito y lágrima se me escaparon en aquella inmensidad orgásmica. Aquel es el mejor cielo nocturno que he visto- y probablemente veré- en mi vida, una experiencia que tenemos al alcance de la mano sin renunciar a nada realmente valioso.

Y ahora sé que a Inma tampoco se le olvidará nunca...
¿Qué cómo me acuerdo de algo que sucedió cuando tenía 5 años? Esa era la pasión de la que hablaba, la educación y los valores que depositaban mis padres en nosotros.

20 años ya mamá, pero es imposible olvidarlo. Tus hijos, tu nieto, TODOS, TE QUEREMOS Y TE DAMOS LAS GRACIAS POR SER COMO ERES, por tu fuerza y tu voluntad inquebrantables en los momentos más difíciles.
"La luna vieja la desmiga Dios para estrellas" (Un día en la vida de Iván Denisovich, Aleksandr Solzhenitsyn). 

26 de noviembre de 2012

Casiopea y sus colegas

Cada vez estamos más cautivados. Escapadas, viajes o la playa a la vuelta de la esquina; la seta más minúscula de entre todas las que hay en el bosque, un paisaje como una chocolatina para el gran angular, un cielo que se desploma o un cupolone de estrellas.

Hace un año celebrábamos aniversario con una sesión de macro a traición; ahora, con nuestra segunda tarta, nos vamos a una escala diametralmente opuesta, como si jugásemos con este enlace tan interesante y simple. Fue sólo una novatada, a modo de efímero entrenamiento, para preparar una hipérbole nocturna que hace muy poco hemos tenido en un lugar memorable...
Son ya dos años. Intentaremos seguir creciendo junto a los que ahí leéis. ¡Gracias!