18 de octubre de 2013

Pateando la Garrotxa

La Garrotxa es una comarca diferente.
El Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa es calificado como el mejor exponente de paisaje volcánico de la Península Ibérica y contiene una cuarentena de conos volcánicos entre densas masas de bosque, campos de cultivo y pastos. Además, no en todas partes puedes introducirte en el cráter con una ermita románica en su interior.
Tampoco es lo habitual caminar por un hayedo (la Fageda d'en Jordà)que se asienta sobre coladas de lava bajo un interminable juego de luces y sombras, entre todos los tonos de verdes, amarillos y rojos que imagines. En otoño resulta una experiencia fascinante.
O callejear por los núcleos medievales de Besalú y Santa Pau, con una arquitectura y urbanismo muy bien conservados sin que eso mengüe la espontaneidad y naturalidad de un lugar con vida. Porque hay pueblos que de tan preciosistas, maquillados e impolutos que están, parecen museos donde ni se vive ni se puede vivir.

14 de octubre de 2013

Delta del Ebro solo hay uno

La diferencia entre un delta y un estuario en la desembocadura de un río es una de las primeras lecciones que recuerdo sobre Geografía. Por supuesto en en el colegio, y seguramente el mismo día que nos enseñaron qué son las montañas y los valles,. Y luego la cabeza se llenó de capitales: Belgrado, Jartum, Yakarta, Bamako...
Años más tarde, muchos, después de volar sobre el Delta del Ebro rumbo a Barcelona, recuerdo cómo me bajaba del avión con dolor de cuello: no hacía otra cosa que mirar por la ventanilla. Su forma era una filigrana caprichosa de líneas pulidas por la erosión y la sedimentación; el viento, las mareas y el cauce trazaban un enorme espacio que hasta entonces solo conocía dibujado en mapas.
Hay quien piensa que un río es un canal de agua que desemboca en el mar; y toda lo que efectivamente llega a éste es un exceso de caudal que podría ser aprovechado para consumo humano y agrícola, entendiendo que el regadío, la urbanización y la industria son siempre lógicos y merecen cualquier esfuerzo técnico por encima del coste medioambiental y territorial. Al fin y al cabo, ¿quién lo evalúa monetariamente? Así sería un breve resumen de la política hidráulica española: la de construcción de embalses a destajo, la de trasvases para zonas semidesérticas superpobladas, la del litoral masificado, la del agua para la huerta intensiva, la de las canalizaciones obsoletas. Vegetación, aves, fauna piscícola, riberas, ecosistemas, que les den mientras haya quien pueda llenarse el bolsillo.
Hoy el Delta del Ebro es un territorio extremadamente valioso y singular (como su gente), que debe su existencia al río más largo y caudaloso de la Península Ibérica, y su actividad económica a la voluntad de los pueblos ribereños de su último tramo, que han modelado un paisaje completamente plano pero con identidad propia. Su importancia como humedal está fuera de toda duda -reconocido por figuras de protección ambiental internacionales (Zona de Especial Protección para las Aves, Convenio Ramsar y Reserva de la Biosfera)-, igual que su fragilidad ambiental: el aporte de sedimentos desde la cabecera del río Ebro y sus afluentes (Pirineos, Cordillera Cantábrica y Sistema Ibérico) ha hecho posible la conformación de este espacio ganándole terreno al mar, sin voluntad humana directa y a lo largo de muchos siglos. Pero la regulación de los caudales y la interrupción del proceso sedimentario (trasvases, grandes embalses y presas hidroeléctricas) ponen en serio riesgo su dinámica natural y toda la vida que sobre él se desarrolla.
El delta está en regresión, perdiendo metros año tras año en su lucha incesante con la erosión marina y los temporales; la intrusión salina es una realidad catastrófica para los arrozales y las especies de agua dulce, y por el camino perderemos hábitats y sistemas dunares de incalculable valor, así como la pervivencia de formas de vida tradicionales (agricultura y pesca, sobre todo). Por supuesto también nos quedaríamos sin el maná de esta sociedad y nuestros políticos, esos que ni piensan ni escuchan: el turismo.
Las fotografías están tomadas de un agradable paseo en bicicleta y a pie por la margen izquierda del delta, entre l'Ampolla, Deltebre, el faro del Garxal y la Punta del Fangar, cruzando canales, bordeando arrozales, esnifando sal y tostándonos con el inclemente sol que aplaca esta tierra desde el final de la primavera.

12 de octubre de 2013

En el camino

Encuentro ahora estas fotos y recuerdo lo que pudo ser y nunca fue, pulgón mediante. Una pena.

8 de octubre de 2013

Banyoles, ahora que vuelve el otoño

El suelo teñido de ocre. Hojas que crujen bajo los pies. El frescor del rocío en una mañana fresca y soleada cuando el verano ya está en el armario. Árboles que mudan colores. Setas que levantan cabeza. Y un lago, manso como un espejo, entre verdes y azules.
El Lago de Bañolas (Estany de Banyoles, en catalán) es un paraje único y peculiar, escénico y simbólico como pocos en esta tierra de contrastes y paisajes singulares. Alimentado por leyendas surgidas del desconocimiento sobre el origen de sus aguas (se trata de una cuenca cárstica, en la que el agua subterránea drena verticalmente entre sustratos permeables tras encontrar en su circulación horizontal materiales impermeables levantados por la falla de l'Empordà, al Este), es un lugar perfecto para pasear y sacar del bolsillo un anillo mientras hincas la rodilla. Ojo, es solo una idea; algunos tenemos formas más mundanas y prosaicas, en las que amor y compromiso se representan con helados de chocolate.
Ahora me da por imaginarme entre juncos, sauces, alisos y olmos a un pintor impresionista, armado con sus pinceles e inspiración una tarde entera de luces cambiantes a lo largo de la ribera. O a un paciente pescador con su caña. O a un padre con su hijo buscando curiosidades naturales bajo una espesa niebla matinal, interpretando los interminables cambios de estación. O a un equipo de botánicos y biólogos estudiando el avance y retroceso de las especies en la zona, o a un grupo de señoras paseando, o a deportista corriendo alrededor del lago, o a unos niños montando en bicicleta...

4 de octubre de 2013

A cal y canto

Puede que las ratas se escondan en el interior, y que su oscuridad abandonada esté aguardando la putrefacción de los cuerpos decapitados en una futura revuelta contra la clase política.
Son las mazmorras de hoy, y las hay en todas las ciudades.