16 de octubre de 2014

El litoral sodomizado (y III): la carbonilla

¡A la rica toxina!
No hay corredor que se precie en Tarragona que no se haya metido una buena dosis de carbón entre pecho y espalda, en ese tercio final del espigón que lleva hasta el faro de la Banya.
Día de viento, 5km de distancia. ¿Una caladita?
El lugar es perfecto para caminar, correr, montar en bicicleta y patinar, especialmente en Primavera y Otoño. Y buena cuenta que damos de él sumando kilómetros a nuestras zapatillas... pero cuando sopla el viento es un martirio desde el momento en que su olor se te mete por la nariz.
Más de uno, a menudo, llega a casa con ese polvo negruzco en brazos, piernas, labios, pelo... y luego dicen que aquí nadie entrena.

14 de octubre de 2014

El litoral sodomizado (II): los puertos

Pesqueros, de mercancías, deportivos, para pasajeros...
No todos son como el de Rotterdam ni tienen el ambiente romántico de las redes, las gaviotas y las pequeñas embarcaciones pintadas de blanco y azul (o verde, o rojo) junto a la lonja. La tripulación puede ser filipina, un viejo con bigote canoso desembarcando pescado o una familia con muchos ceros en el banco, pero un puerto siempre será un lugar con personalidad propia.
En Tarragona los barrios próximos al puerto crecieron al margen del resto de la población bajo la reivindicación de viviendas dignas y abrigo para las barcas, aislados hasta que la ciudad, arriba, dejó atrás sus murallas. El Serrallo es hoy nexo de unión entre la vida urbana y la marítima, la fachada que ven los pescadores y los restaurantes de pescado para los visitantes, el perfil urbano de uno de los mayores puertos comerciales de España, potente en el tráfico de graneles, petróleo, cereales y carbón, con la industria petroquímica al alcance de la mano. Un entorno de agua domesticada entre diques y muelles sobre dos mil años de historia marinera.

11 de octubre de 2014

El litoral sodomizado (I): las infraestructuras

A veces juego a imaginarme una línea de costa virgen.
Me sucede en el balcón del Mediterráneo, desde donde se ve con claridad cómo hemos confinado las playas entre infraestructuras y desdibujado el litoral y sus formas entre puertos, edificaciones y diques.
El resultado es el progreso económico de la sociedad; su precio, el deterioro ambiental y paisajístico. No hay marcha atrás; necesitamos comer, movernos y transportar mercancías. La cuestión es si queremos hacerlo bien o no. Ahí están para hablarnos la sobreexplotación pesquera, los vertidos, las artes de pesca sin escrúpulos, la alteración de las dinámicas litoral y fluvial, la desecación de humedales, la urbanización incontrolada, la proliferación de infraestructuras...

6 de octubre de 2014

Cuando Europa pasa por Mostar

Posiblemente el Stari Most sea uno de los lugares donde mejor se puedan simbolizar un par de cosas:
Uno. La decadente historia europea reciente, con el absoluto fracaso de la Unión Europea para evitar el drama de la guerra, del que nos creíamos ajenos en los noventa. Y en ello continuamos. Europa aspiraba a una moneda única y a la libre circulación de personas para abastecer sus mercados de trabajo; y lo ha conseguido, pero por el camino se ha dejado los ideales de democracia, cultura y tolerancia que arrastraba desde hace dos mil años.
Dos. La intransigencia y absoluta necedad de los orgullos patrios, los nacionalismos y el fervor religioso.
Si tienen la oportunidad paseen por Mostar, bajen la vista al río Neretva, crucen el emblemático puente viejo (Stari Most, en su día volado en mil pedazos y ahora reconstruído), caminen por las calles empedradas de su Stari Grad (ciudad vieja), contemplen sus mezquitas e iglesias ortodoxas... y asómbrense con la estupidez del ser humano.

3 de octubre de 2014

Las agradables compañías

Aparecieron de repente, cada uno por su lado, como si estuviesen aburridos de tanta tranquilidad en Le Bouquet, una aldea (cuatro casas) envuelta en árboles a escasos kilómetros de Aix-en-Provence, la elegante ciudad provenzal francesa.
Pensamos que saltarían chispas entre ellos. Pero no fue así; parecían estar acostumbrados a pujar por las atenciones de los pocos visitantes que por allí se dejan caer. Nos acompañaron durante nuestro paseo, arriba y abajo, siempre delante, mientras buscábamos los últimos contrastes del día sobre la montaña Sainte-Victoire, un macizo calizo inspirador del genial Paul Cézanne. Magníficos anfitriones.